Aunque pueda escribir mucho sobre mi experiencia haciendo una parte del Camino de Santiago, con toda probabilidad no puedo poner palabras a ciertos pensamientos. Sin embargo, intentaré describir mis impresiones de lo que había experimentado en el Camino.
Se dice que pierdes el concepto de tiempo y distancia cuando caminas tanto. Esto es algo que Lena nos había dicho y creo que Miguel nos contó algo semejante. Cuando corro por mi pueblo en los veranos, no hay señales de distancia y no corro con un iPod ni un reloj así que estoy acostumbrado a no saber cuánto me queda o por cuánto tiempo he estado corriendo. En el Camino, tenía la misma sensación. Muchas veces Kristen y yo intentamos de adivinar cuanto tiempo nos queda en llegar a un pueblito, y normalmente nos equivocamos. Para mí, creo que esto es lo que me impresionó del Camino de Santiago. Por ejemplo, mis padres acaban de visitarme en Madrid y, aunque estuvieran de vacaciones, estaban muy conscientes del tiempo y tal. Mas, cuando estás en el Camino no existe el tiempo de la vida cotidiana. Sólo tienes tu memoria, la vista, los pensamientos, y si caminas con un compañero/amigo, la conversación. Son las necesidades más básicas que importan. Te da igual cualquier otra cosa.
Vale la pena decir aquí que no fui uno de los hombres bravos que hizo la parte más larga durante las vacaciones. De hecho, si vuelvo a enseñar en el instituto el año que viene, he hablado con un amigo mío y nosotros dos tenemos ganas de hacer el Camino Francés desde Roncesvalles durante el verano.
Aunque no he hecho un trozo más grande del Camino, creo que tengo un entendimiento de lo que es peregrinar. Y a causa de un solo fin de semana quiero volver un día y hacer lo que han hecho unos personajes históricos y ficticios por toda Europa.
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Andrés:
Lo dices muy bien cuando observas que el tiempo es algo ajeno al Camino. Estoy de acuerdo. Cuando estaba en el Camino no había esa sensación de la hora. Sí, tenía que llegar a un sitio antes de que se pusiera el sol, pero no había esa exigencia de que siempre tengo que saber la hora. No sólo el tiempo, pero las preocupaciones cotidianas también. El Camino existe al margen de la actualidad, de la presente; y eso es importante. Para mí, el Camino fue un retiro necesario. Dejé mi vida en Madrid atrás por unos días mientras andaba hacia Santiago, escapando de "la temporalidad" de horarios, despertadores y fechas límites. Sin duda, es una sensación liberadora y da al peregrino una oportunidad de aclararse la mente.
¿Saben cuándo el tiempo gana mucho valor en el Camino? Les doy dos ejemplos: 1) cuando llueve y hace mal tiempo y te parece que pasan horas y horas para caminar cada 100 metros y que nunca vas a llegar. Con esto seguro que se identifican un poco porque se acordarán de ese primer día miserable bajo la lluvia. 2) cuando estás haciendo el Camino en invierno y anochece más pronto, y si no calculas bien de pronto puede estar oscureciendo y todavía te faltan unos kilómetros para llegar al próximo pueblo o albergue. No estás en la calle por Madrid, no hay alumbrado público y ves el peligro que puede haber en perderte en la oscuridad que parece llegar tan rápido.
El resto del tiempo uno puede darse el lujo de dejar de pensar en el tiempo y disfrutarlo plenamente.