No creo que sea la única persona que piensa que los pueblos en el Caminos de Santiago son impresionantes. No lo digo porque hay grandes catedrales o puntos de interés. Lo digo porque nunca he visto pueblos así en mi vida (salvo durante un viaje de costa a costa y estuve en Delphos, Kansas… no recomiendo ese lugar). La mayoría de los pueblos se definen por la vida campestre y, a causa del movimiento a vivir en ciudades, no existen los jóvenes en estos pueblos. La resulta es simple: en 30-50 años muchos pueblos en el Camino de Santiago no existirán.
Es verdad que el gobierno da dinero y tierra a gente que quiere mudarse a estos sitios (¿por qué se mudarán españoles a pueblos así?), pero, después de pasar una noche en un pueblo de ochenta personas, no veo un final feliz para estas zonas.
Propongo un pensamiento “filosófico” frente al hecho de que hayamos visto estos pueblos. Todos hemos oído la pregunta clásica, “¿Qué sonido hace un árbol que se cae en un bosque si no hay alguien para oírlo?” Del mismo modo, existen estos pueblos si no los hemos visto? En la clase de composición de poesía que tomo con Profesor Paco Layna, hablamos mucho sobre la vista. Siempre dice a mi, “Porque no poseemos, vemos,” (un verso de un poema famoso). Después de terminar con el viaje obligatorio pensé así. Yo he visto estos lugares así que puedo contar que sí existen. Están en mi memoria para siempre y si tomo el tiempo para contar a mi clase el año que viene que existen estos pueblos, puedo mostrarles a mis estudiantes que realmente existen lugares así en España (de la misma manera tengo fotos de Delphos Kansas…). Lo que quiero señalar es que ver un pueblo debe animarnos un poco. Somos muchos aquí en Middlebury College en Madrid y (como grupo más largo) pensad en cuantos estadounidenses están en España estudiando este semestre. Sin embargo, somos los únicos que saben, de verdad, que hay estos pueblos. Porque los hemos visto, estos lugares sí existen. La vista es la memoria, en la memoria existe la poesía y la literatura.
No sé si me he explicado bien o si este mensaje es bien pedante/híper-filosófico, pero vale la pena pensar así de vez en cuando. Si no pasamos un rato contemplando así, no sólo vamos a perder estos pueblos físicamente sino también en la memoria.
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En un mensaje previo había mencionado que me fascina que todos empecemos en diferentes partes pero llegamos al mismo punto eventualmente (Santiago). Cuando escribí esto pensé en lo que hemos aprendido en clase este semestre y también en mi trabajo final que se trata del “camino” como tópico literario español. Quiero detenerme un poquito en este asunto:
En “Las Coplas de Jorge Manrique” él poeta habla del camino como si fuera un río:
Nuestras vidas son los ríos
Que van a dar en el mar
Que es el morir…
Lo que yo veo aquí es exactamente significa el camino. Como seres vivos estamos en el río que es un cuerpo de agua más pequeño. Luego hay el mar que es morir. Es decir que el mar representa el otro mundo, de donde nosotros venimos (el cielo si eres cristiano). Aunque no crea en el destino, creo que esta imagen es bastante buena. Jorge Manrique esencialmente dice que la vida es una peregrinación hacia otro mundo. En el Camino, peregrinamos para llegar a Santiago. Pero ¿qué significa Santiago? No es solamente una ciudad con una gran catedral. Para cada persona significa algo (espero que no sea la muerte). En cualquier caso, peregrinamos para llegar a otro mundo u otro manera de ver las cosas (una respuesta bien vaga posiblemente). Lo importante es que, te encuentras con diferentes personas en el camino que han tenido diferentes experiencias y diferentes vidas en distintas países, mas vamos al mismo sitio. Esto es lo nos iguala en el Camino de Santiago, tanto como la muerte nos iguala en la vida (o por lo menos es lo que dice Jorge Manrique).
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Aunque pueda escribir mucho sobre mi experiencia haciendo una parte del Camino de Santiago, con toda probabilidad no puedo poner palabras a ciertos pensamientos. Sin embargo, intentaré describir mis impresiones de lo que había experimentado en el Camino.
Se dice que pierdes el concepto de tiempo y distancia cuando caminas tanto. Esto es algo que Lena nos había dicho y creo que Miguel nos contó algo semejante. Cuando corro por mi pueblo en los veranos, no hay señales de distancia y no corro con un iPod ni un reloj así que estoy acostumbrado a no saber cuánto me queda o por cuánto tiempo he estado corriendo. En el Camino, tenía la misma sensación. Muchas veces Kristen y yo intentamos de adivinar cuanto tiempo nos queda en llegar a un pueblito, y normalmente nos equivocamos. Para mí, creo que esto es lo que me impresionó del Camino de Santiago. Por ejemplo, mis padres acaban de visitarme en Madrid y, aunque estuvieran de vacaciones, estaban muy conscientes del tiempo y tal. Mas, cuando estás en el Camino no existe el tiempo de la vida cotidiana. Sólo tienes tu memoria, la vista, los pensamientos, y si caminas con un compañero/amigo, la conversación. Son las necesidades más básicas que importan. Te da igual cualquier otra cosa.
Vale la pena decir aquí que no fui uno de los hombres bravos que hizo la parte más larga durante las vacaciones. De hecho, si vuelvo a enseñar en el instituto el año que viene, he hablado con un amigo mío y nosotros dos tenemos ganas de hacer el Camino Francés desde Roncesvalles durante el verano.
Aunque no he hecho un trozo más grande del Camino, creo que tengo un entendimiento de lo que es peregrinar. Y a causa de un solo fin de semana quiero volver un día y hacer lo que han hecho unos personajes históricos y ficticios por toda Europa.
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De hecho, creo que debía haber ido a otro sitio para coger la credencial para el Camino de Santiago. Fui con Kristen al sitio en cerca de Sol y la Plaza Santa Ana. Nunca me gusta decir que algo que hago es un malgasto de me tiempo (porque en realidad mi tiempo no vale mucho… mis padres pueden deciros esto) pero la experiencia en esa oficina era más dura que el Camino de Santiago en sí. Aunque los hombres fueran majos, esencialmente tuvimos que sentarnos en un aula por cincuenta minutos (o por lo menos parecía así) y escuchar lo que Lena ya nos había dicho. No había preguntas como, “¿Por qué vas a hacer el Camino?” como había pensado.
Sin embargo la experiencia no era un malgasto en total. Era interesante ver las diferentes personas que iban a hacer el camino y de donde venían. Había unos hombres que iban a hacer el Camino en abril o mayo por bicicleta. Había otro hombre que quería hacer el Camino desde aquí en Madrid. Es interesante porque todos llegamos la misma destinación pero llegamos por diferentes modos y diferentes lugares. Es como si fuera una alegoría… es posible que vaya a volver a escribir sobre este tema luego.
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Dice wikipedia que Ultreia tiene sus orígenes en dos palabras latinas: “ultra” que significa más allá y “eia” que es una interjección para mover. También dice que en el Codex Calixtinus había una referencia a estas dos palabras que pronto se convirtieron en la frase simple que tenemos hoy en día.
De todas formas el significado de la palabra o interjección “Ultrella” tiene más que ver como una forma de saludar a otros en el Camino. Si se fuera a decir esto en el Camino de Santiago hoy en día sería más cerca a decir, “vamos más allá.” En este sentido es una forma de animar a los otros en el camino y de decir, “¡Qué tengas un buen camino.”
De hecho, después de hacer solamente la parte obligatoria del Camino de Santiago, y después de caminar en barro por unos días entiendo muy bien que significa “ultrella.” De vez en cuando, oír esta palabra en un “supermercado,” por las calles en un pueblito, o en un albergue es lo que necesito para aguantar un día de mal tiempo.
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